3a. Juan 1:2

3a. Juan 1:2 (Reina-Valera 1960)

 Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.

Comentario.

    Él Señor Jesucristo, desea que el ser humano alcance la prosperidad en su alma primeramente.  Pero, para ello debe llevar a cabo una serie de pasos mínimos, que son:

1. Reconocer que es pecador.

2. Pedir perdón por sus pecados.

3. Convertirse a Cristo.

4. Reconocer que Jesucristo es su único y suficiente salvador.

5. Pedir a Cristo Jesús que entre en su corazón.

6. Abandonar el pecado.

7. Hacer pacto con Jesucristo por medio del bautismo, abandonando así al hombre viejo, que vienen a ser la manera pecaminosa en la que se vivía para dar paso a la nueva vida del hombres espiritual que ya no busca su deleite sino más bien, agradar a Dios.

8. Comer del pan de vida que vivifica su ser integral que viene a ser la palabra.

9. Orar constantemente para que la tentación no lo debilite y pueda resistir esforzándose valientemente.

    Una vez convertido el cristiano genuino busca alcanzar fervientemente, la prosperidad de su alma, ministrarse, y alcanzar los diferentes bautismos pero, especialmente anhela el bautismo del Espíritu Santo que vendría a ser como la certificación para su vida espiritual. 

    Mantener una vida consagrada a Dios, es lo mejor que el ser humano puede hacer. Puesto que el Señor dejó plasmadas en las escrituras abundantes promesas. Pero, sobre todo prometió el perdón de pecados, la salvación y la vida eterna

    Sin embargo, Él Señor hizo manifiesto su deseo de que fuesen prosperados sus fieles, los que se consagran, los que son celosos de su palabra, los que le sirven de diferentes maneras en su obra. Con una prosperidad que llene de alegría siempre y que no lleve tristeza, como el que prospera y se olvida de Dios y por consecuencia se pierde.    

Desafortunadamente el hombre busca desesperadamente, la riqueza material, el reconocimiento y las menciones honorificas antes que el perdón, la misericordia y el favor de Dios, olvidándose que quien se doblega ante su Creador en esta tierra será coronado, vestido de lino fino y preservado para siempre en alegría, disfrutando de la convivencia eterna con Dios, con Jesucristo y con Él Espíritu Santo.

    Viva pues, con salud, en prosperidad pero, sobre todo tomado de la mano misericordiosa de Dios buscando cada día, su protección, su amor y su misericordia. Pues, su palabra dice que Él se goza en hacer misericordia y que su misericordia es desde la eternidad hasta la eternidad. Y, yo la deseo en mi vida y familia por siempre.

 ¿Y tú estás dispuesto o dispuesta a seguir a Cristo?


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